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“Poligonos Agroforestales” desarollados por Montes Comunales en Galicia y Portugal – certificación FIRE WINE de la bodega Martin Codax

“Poligonos Agroforestales” desarollados por Montes Comunales en Galicia y Portugal – certificación FIRE WINE de la bodega Martin Codax

Los bienes comunales son una herencia del Imperio romano reinterpretada durante la Edad Media (Chouquer, 2019), y que ha ido desapareciendo progresivamente a lo largo de los siglos. Sin embargo, esta forma de gestión solidaria del territorio sigue existiendo en muchos países —especialmente en zonas de montaña— y, desde finales del siglo XX, se ha revalorizado como un modelo de gobernanza colectiva con futuro.

En Galicia, los montes comunales tienen una relevancia especial y se conocen como Montes Veciñais en Man Común (MVMC), mientras que en Portugal reciben el nombre de Baldíos. El Derecho Civil gallego consagra estos terrenos como inalienables y ajenos a la especulación urbanística (Ley 13/1989, de 10 de octubre). Tradicionalmente, las comunidades rurales los utilizaban para garantizar su subsistencia: pastoreo, agricultura, aprovechamiento forestal y gestión del agua.

A mediados del siglo XIX muchos de estos montes se transformaron en plantaciones forestales productivas, y durante el franquismo la intervención del Patrimonio Forestal del Estado (PFE) contribuyó a separar el campo del monte. Desde finales del siglo XX, las comunidades han retomado la gestión colectiva, desarrollando planes forestales con apoyo de la Consellería do Medio Rural de la Xunta de Galicia y combinando usos forestales y agrícolas. La economía forestal sigue siendo dominante, con gran presencia de pino y eucalipto. Este último cubre casi el 20 % del territorio forestal gallego, pero representa más del 60 %  de la madera cortada y transformada cada año.

A finales de 2018 había en Galicia 3.312 montes vecinales clasificados en las cuatro provincias. Destaca Ourense, que concentra casi el 38 % del total y es además una de las zonas más castigadas por los incendios forestales en España, el segundo país más afectado de Europa. En este contexto, la figura del MVMC constituye una herramienta histórica y cultural crucial, con implicaciones sociales, económicas y ambientales.

Actualmente, las áreas más inflamables son las afectadas por el abandono rural, y los MVMC están organizándose para proteger sus masas forestales. La recuperación del pastoreo y de cultivos perennes ayuda a fragmentar la continuidad del bosque, reduciendo así el riesgo de que pequeños incendios rurales evolucionen hacia incendios extremos, tal como ocurrió en el verano de 2025.
Con esta finalidad, varias comunidades han impulsado polígonos agroforestales, instrumentos promovidos por la Xunta desde 2021. Estos buscan la “recuperación y puesta en producción de tierras con buena capacidad productiva que se encuentren en abandono, infrautilización o susceptibles de optimización”, creando superficies rentables a partir de 10 ha y con acuerdo de más del 70 % de la propiedad. En la práctica, el minifundio limita su desarrollo, pero los MVMC avanzan más rápido gracias a la cesión del derecho de cultivo de parcelas estratégicas mediante contratos de arrendamiento.

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Viñedo Martin Codax de DO Monterrei en "polígono agroforestal" de MVMC

Paralelamente, en Galicia y el norte de Portugal (cf Living Lab FIRE-RES en Vale do Sousa), las bodegas encuentran dificultades para crecer: necesitan parcelas rentables y continuas, algo complicado en un territorio minifundista pese al abandono agrícola. Los polígonos agroforestales permiten acceder a superficies atractivas —a menudo superiores a 20 ha— mediante arrendamientos de unos 20 años, muchos de ellos ubicados en zonas estratégicas para la prevención de incendios. Este verano han demostrado su eficacia, proporcionando espacios seguros para los equipos de extinción y gracias a un labrado perimetral de última hora.

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Viñedo Martin Codax de DO Rías Baixas en "polígono agroforestal" de MVMC

La bodega Martín Códax ha invertido en nuevas plantaciones dentro de varios polígonos agroforestales, de los cuales FIRE WINE ha certificado como estratégicos seis en la DO Rías Baixas (Goián, O Corgo, Pe Redondo, Leirado, Luneda) y tres en la DO Monterrei (Vences, Vilardevós, Castrelo do Val), una zona conocida por la recurrencia de incendios. Las superficies cultivadas van de las 4 ha a más de 60 ha, rodeadas de bosques gestionados por la propia bodega con criterios de biodiversidad y, en algunos casos, también con vocación turística.